viernes, 24 de diciembre de 2010

Mis mejores deseos 2010 (So this is Christmas)


Que la esperanza de un mundo mejor se instale en nuestros corazones, y nos motive a luchar y trabajar por todos nuestros ideales hasta alcanzarlos.

Que Dios nos permita entender que nunca pondrá sobre nuestros hombros una carga que no seamos capaces de soportar.

Que la vida y toda su agitación, nos permita tener instantes de paz en los que podamos apreciar su magnificencia y todas las bendiciones que recibimos cada día para así poder multiplicarlas para los demás.

Que siempre tengamos una mano amiga cerca, un brazo tendido del cual asirnos en caso de debilidad, unos oídos pendientes de escuchar nuestras más grandes tristezas y nuestras mayores locuras y sueños, alguien que nos dé una palabra de aliento cuando más la necesitemos, alguien dispuesto a arrancarnos una carcajada incluso en los momentos de adversidad, unos ojos pendientes de lo que nos pueda suceder y un espíritu colmado de paz interior.

Por que no hay nada mejor en esta vida que poder compartir lo que tenemos y reconocer todo lo que nos ha sido dado, gracias por estar cerca, gracias por permitirme estar cerca de tí de alguna manera, gracias por todo lo que me has enseñado y por las múltiples formas en que me has demostrado que puedo ser una persona mejor.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Creer y actuar como herencia

“Por enésima vez vuelvo a creer, quiero creer en ellos, y si me va la vida en ello, aquí voy a estar” Marisela Escobedo
¿Qué no haría una madre por sus hijos? Suena a lugar común, lo escuchamos tantas veces, en todos lados y se dice con facilidad. Hace poco más de una semana celebrábamos en casa 9 años de que me convertí en mamá por primera vez, llegó a la familia a quien de cariño llamamos la Prin (como diminutivo de princess o princesa) alguien de quien ya les he platicado, una pequeña inquisitiva, que me sorprende con sus preguntas, con sus reflexiones, con su sensibilidad y que me pone ejemplo en muchas cosas, ojalá me pareciera tantito más a ella en muchas de las virtudes que practica. Por supuesto, no puedo dejar de pensar en el hecho de todo lo que DEBO y QUIERO hacer por mis hijos. Sin hacerme la mártir, sin victimizar, estoy consciente de que gran parte del futuro de México, de alguna manera, está en mis manos.
Me siento con una enorme responsabilidad por ser madre de tres y más por tener a mi cargo a muchas adolescentes todos los días. Aún recuerdo la noche previa al parto, las palabras de mi papá “Duerme, porque será la última noche que puedas dormir sin pendiente, en cuanto nazca, nunca volverás a pasar una noche en paz.” Tenía razón.
Hoy, en cierto sentido me invade la impotencia por las cuentas que debo rendirle a mis hijos respecto al país que les heredaré, todos los días me hacen preguntas: que si quienes son los Zetas, que porqué hay gente que vende cosas robadas si saben que eso está mal, que porque hay unos que hablan para decir que te van a secuestrar y pedirte dinero, que si porqué decimos los adultos que antes sí se podía salir a jugar a las calles y porqué ahora ya no se puede, especialmente me duele no tener respuesta para esto último.
La corrupción, la impunidad y en gran parte la desidia social nos han llevado a un país perdido, la desconfianza hace de las suyas por doquier, si te sucede algo en la calle, difícilmente alguien se acerca a ayudar. La cultura de la denuncia no tiene eco, en general, sabemos que no sirve de mucho acudir a las autoridades cuando a final de cuentas nos demuestran que están más involucradas con la delincuencia de lo que nos imaginamos y que el Gobierno Federal, simplemente ha demostrado que esto lo ha sobrepasado, que su “estrategia” en la lucha contra el narco, no tiene pies ni cabeza y que se siente tranquilo pues siempre, siempre contará con la excusa de la “responsabilidad de los gobiernos locales” y que el “Congreso los tiene atados de manos” y listo.
Hoy, que las malas noticias abundan, que cerramos uno de los años más tristes y vergonzosos para un país que ha aguantado desde crisis e inflaciones, hasta la burla de su clase política y las más burdas injusticias. Pero, creo que el miedo que sentimos, ahora sí, nos ha sobrepasado.
Habíamos librado tantas cosas, tantas batallas como sociedad, pero hoy que la información nos abruma, nos invade el miedo y nos paraliza. Los rumores corren por doquier, las críticas y condenas saltan y vienen de todas partes. Pero la sociedad en general poco ha hecho al respecto, aún no atinamos a dar el paso para salir de esto. Seguimos esperando a un mesías todopoderoso que vendrá a resolver las cosas por nosotros, a alguien que con una varita mágica y superpoderes logre resolver hasta lo que nos corresponde a nosotros mismos y que no hemos hecho por nuestra desidia y desinterés, por esa pasividad y atarantamiento que cargamos como lastre desde hace tanto tiempo.
Como en toda tragedia, afortunadamente, siempre se ve la luz al final del túnel, por ahora, la única luz que veo proviene de las organizaciones civiles, de esos grupos de la sociedad organizada y participativa que han sabido canalizar su hartazgo y han decidido levantarse, levantar la voz y moverse.
Es admirable la manera en que padres y madres como Isabel Miranda de Wallace, la recién asesinada Marisela Escobedo, Alejandro Martí, los padres de los niños de la Guardería ABC, por mencionar a algunos, han sabido canalizar su dolor y moverse.
Ojalá nadie más tenga que sufrir el dolor que ellos han padecido en carne propia para decidirnos a hacer algo. Ojalá las tragedias no sigan sumándose en otras familias para que entonces sí, el resto de los padres de familia y responsables de las generaciones futuras decidamos actuar y exigir a las autoridades se responsabilicen de lo que les corresponde y dejen de hacer con el poder sólo lo que les viene en gana y utilizar los cargos públicos como escalones para fines personales.
Hace poco, por una cuestión familiar, me puse en contacto con María Elena Morera, hoy presidenta de la Asociación Civil “Causa en común” una más, de quienes ha sabido partir de la tragedia para levantarse. Me comentaba, entre otras cosas, la importancia del factor miedo como detonante para poder actuar, el lado positivo del miedo cuando se encauza hacia un fin recto. Así es como creo, podríamos salir de esto.
Es una irresponsabilidad que todos los adultos de ahora no sintamos cierto grado de culpabilidad por lo que sucede en estos días, al menos debemos preguntarnos qué hace cada uno de quienes estamos en contacto directo con niños y jóvenes para brindarles un país mejor, para estar atentos a las señales que se pueden atender a tiempo ¿qué pasó, por ejemplo, con todas las manos por las que pasó“El Ponchis”? ¿Qué hicieron por él? ¿Por qué en muchos lugares del país la única esperanza para muchos jóvenes sigue siendo unirse a las filas de la delincuencia o salir del país?
Ojalá cuando mis hijos crezcan pueda decirles con la frente en alto que al menos, lo intenté, que por lo menos, decidí no quedarme inerte por el miedo y no huir ni esconderme como avestruz.
Sin ser experta politóloga, ni analista, simplemente una observadora, confío en que la revolución social que nos puede sacar de esto, provenga de la sociedad civil organizada y decidida. Ojalá.

viernes, 3 de diciembre de 2010

No,aunque lo parezca a veces, no soy pompa fúnebre

Esta mujer, Gioconda Belli, además de buena escritora, se me hace que tiene algo de bruja, ya van varias veces que doy con poemas suyos que dicen justo lo que necesitaba expresar, hasta parece que se los mandé pedir. Incluso, en una entrada previa ya les conté de uno de sus poemas que me cayó como anillo al dedo (véase: http://cafeirlandesparanoenloquecer.blogspot.com/2010/10/sencillos-deseos-y-la-magia-de-un-poema.html). Pues ahora lo vuelve a hacer, soy una cascarrabias, reniego hasta el cansancio, con motivo o sin él, alego y me quejo, pero siempre, invariablemente, la vida me dá motivos para después reír y reconciliarme conmigo misma y con ella. A final de cuentas, todo está bien, la queja es nomás por mero hobby, pues sé que en gran medida, muchas cosas de las que me quejo, dependen de mí y soy yo la encargada de mejorarlas y las que no, pues ni quejándome las puedo resolver. Acá una forma mucho más linda de decir lo mismo:

Claro que no somos una pompa fúnebre
     
Claro que no somos una pompa fúnebre,
a pesar de todas las lágrimas tragadas
estamos con la alegría de construir lo nuevo
y gozamos del día, de la noche
y hasta del cansancio
y recogemos risa en el viento alto.
     
Usamos el derecho a la alegría,
a encontrar el amor
en la tierra lejana
y sentirnos dichosos
por haber hallado compañero
y compartir el pan, el dolor y la cama.
     
Aunque nacimos para ser felices
nos vemos rodeado de tristeza y vainas,
de muertes y escondites forzados.
     
Huyendo como prófugos
vemos como nos nacen arrugas en la frente
y nos volvemos serios,
pero siempre por siempre
nos persigue la risa
amarrada también a los talones
y sabemos tirarnos una buena carcajada
y ser felices en la noche más honda y más cerrada
     
porque estamos construidos de una gran esperanza,
de un gran optimismo que nos lleva alcanzados
y andamos la victoria colgándonos del cuello,
sonando su cencerro cada vez más sonoro
y sabemos que nada puede pasar que nos detenga
porque somos semillas      
y habitación de una sonrisa íntima
que explotará
ya pronto
en las caras
de todos.


¿Verdad que la Belli es sabia?

sábado, 20 de noviembre de 2010

La Revolución merecida



Esa idea mesiánica de que cada 100 años se repetirá una lucha armada en México, a esa retórica barata y simplista de querer encontrar un parecido forzoso entre la violencia de estos días con la guerra de Independencia o con la Revolución, no le veo sentido. No soy experta en el tema, pero la historia siempre ha sido una de mis pasiones, y creo, humildemente, que a estos días les falta la entereza de quienes se levantaron por diversas causas en aquellos momentos.
El haber nacido en el último cuarto del siglo pasado me forzó a vivir las épocas de exaltación revolucionaria promovida por los regímenes príistas y entonces sí, se nos hacía ver al movimiento como la panacea que vino a traer una serie de bondades a este país. A la Revolución, decían los priístas, le debíamos todo lo bueno que gozábamos, que nos preparábamos para administrar la riqueza, que todo era por, para y del pueblo, nada mejor que la Reforma Agraria y la muy ensalzada Constitución del  17 en la que, decían, se encajonaban todos los frutos y bondades de la lucha armada. De ese cruento derramamiento de sangre, plagado de traiciones. Aquellos a los que les plantó que la fecha para conmemorar ese movimiento era el 20 de noviembre, por lo establecido en el Plan de San Luis.
Entonces se nos hablaba de héroes y villanos, Claro, eso afirmaban a quienes sí les había hecho justicia la revolución, decían los más leídos, aquellos rebeldes a los que no les contaban las muelas. Con ese cuento crecí, con el de sentirme una orgullosa potosina pues el mismísimo Madero había redactado aquí su valioso Plan que nos llevó a ser una gran nación, y que si tierra y libertad y que sufragio efectivo, no reeleción y cosas por el estilo.
Afortunadamente, el gusanito lector que llevo dentro me llevó a leer sobre el tema tanto como he podido, ha visitar lugares significativos del movimiento (como el museo del Cerro de la Bufa, en Zacatecas, entre otros) y a descubrir que el movimiento iniciado en 1910, no tuvo héroes ni villanos en especial, que Madero era un loco que creía que los muertos y los astros le hablaban, que si no hubiera sido por la visión de Don Porfirio estaríamos 100 años más atrasados de lo que estamos y que no era tan malo como los priístas nos quisieron hacer creer, que Villa era más bien temido por bandolero y que era el azote de las chicas de cuanto lugar visitaba, que Carranza ya en el poder no robó más porque no pudo y que Zapata, ¡¡Ah qué mi Zapata!!!…. En fin, no se trata esto de desmitificar héroes, para eso hay expertos. Lo cierto es que he descubierto que esas gentes algo sí tenían al menos, y eran ideales, supieron ser líderes, tuvieron sueños y convocaron, no se quedaron sentados a lamentarse, ni de brazos cruzados dejando que otros hicieran lo que a ellos correspondía. Se levantaron y dieron el paso. Con todo y sus errores y ambiciones personales.
Hoy, que gracias a tanta información y libertad para expresarnos podemos desmitificar héroes y batallas, es buena idea volver atrás con otros ojos, ver qué de bueno se logró con tantas muertes y tanta sangre derramada. Ver que los legisladores del 17 no estuvieron del todo mal por ejemplo, había cosas que era necesario que quedaran asentadas en papel. También es importante voltear a ver la lucha silenciosa de tantas mujeres que desde entonces clamaban igualdad de trato y también a quienes a estas alturas la revolución y todo lo dicho en su nombre no les ha logrado hacer justicia.
No permitamos que los modernos bandoleros se quieran trepar a la historia y hacernos creer que emulan a los insurgentes de aquél entonces. Lo de hoy, no tiene comparación, no hay un ideal social compartido, no se habla de principios, no se sustenta en la búsqueda del bien común, así que por eso, simplemente, no se le puede comparar. A los delincuentes de ahora les quedan grandes sus antecesores.
A quienes formamos parte de esta generación, nos hicieron escépticos ya, no creemos en historias baratas de héroes y villanos, cargamos un hartazgo extremo por todas las cosas que no se supieron resolver a tiempo y que hoy enfrentamos sus consecuencias y esta historia, sí, no debería repetirse. Simplemente porque la generación venidera no tiene porqué pagar por nuestra pasividad.
Lo que sí debemos hacer es retomar esto como un buen momento para, a la luz de todos los estudios hechos sobre la época, con una perspectiva amplia de la nueva realidad social en la que vivimos, decidamos levantarnos también, dejar de quejarnos y comenzar a actuar.
Creo firmemente en una nueva revolución, en una revolución que venga desde la educación, una revolución que tenga que ver con reflexiones, con nuevas ideas, con una nueva consciencia social y un compromiso vehemente de todos los que formamos este país. De quienes estamos convencidos de que las cosas no tiene porqué venir nadie a regalárnoslas, de que ya no es moral seguir viendo como cada día la brecha entre ricos y pobres se amplía en este país. De quienes sabemos que no está bien permitir el abuso de unos cuantos, vengan del poder político, económico o violento, que piensan que nomás porque sus chicharrones truenan pueden aprovecharse de los demás. Creo en una revolución de quienes estamos conscientes de que sólo con principios cívicos y humanos podemos llegar a ser la gran nación que nos merecemos.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Mi San Luis

Hoy, hace 418 años se fundó la ciudad San Luis minas del Potosí, (Acta de Fundación aquí: http://members.fortunecity.es/zackmkr/sanluis/a01.html ) en la única región con ojos de agua suficientes para ser poblada que quedaba relativamente cerca del rico Cerro de San Pedro,  a partir de su fundación la ciudad fue dividida en 7 barrios, mismos que aún existen, con sus respetivas historias y tradiciones.
He vivido prácticamente toda mi vida aquí, salvo un año en el extranjero y otro en Irapuato, ocasiones que sirvieron para que pudiera apreciar aún más esta maravillosa ciudad. Como todo, tiene muchos problemas, pero en ocasión de su aniversario quisiera recordar más bien sus virtudes (algunas de ellas) pues para eso está de fiesta, no para hacerla quedar mal.


1.      El centro histórico, todos sus jardines y su zona peatonal
2.      Sus 7 barrios y todo su encanto
3.      El Templo del Carmen y su Camerín recubierto de hoja de oro (motivos personalísimos)
4.     La Plazoleta del Carmen y sus payasos bobos
5.       El Teatro de la Paz
6.     El Museo de la Máscara y el Federico Silva de escultura
7.     Caminar desde el Mercado Hidalgo hasta el Santuario de Guadalupe por toda la calle Hidalgo y continuar por la Calzada de Guadalupe
8.      Sentarme frente a la Caja de Agua
9.      Las nieves de Don Cruz (en especial las de vainilla y cajeta)
10.  Los Chocolates Costanzo (y la nuez encanelada más)
11.  Los tacos de Doña Juanita de Tequis, y verla voltear las tortillas con los dedos en el aceite, me parece un acto circense
12.  El Salón Principal de la Sociedad Potosina La Lonja y toda su historia
13.  La escultura en Cera de Benito Juárez y la Princesa de Salm Salm en Palacio de Gobierno
14. La Alameda, sus monumentos escondidos y sus patos
15.  La máquina del ferrocarril frente a la antigua estación y el mural de la misma
16. La Plaza España y la Plaza de Toros Fermín Rivera
17. Los tacos de tripa Don Juanito en la calle Sevilla y Olmedo (San Miguelito)
18.  Las chalupas de Doña Lichita sobre Reforma
19.  El pan de La Superior (en especial sus bolillos)
20.  El Parque Tangamanga I (en especial ver el amanecer cerca del Lago Mayor)
21.  El Parque de Morales y sus elotes por supuesto
22. El Distribuidor Juárez
23. Los Gladiadores del San Luis (graaaan equipo J)
24. El Mirador de la entrada por la carretera a Guadalajara y el del anillo Periférico (sobre el Parque Tangamanga)
25. El Museo Laberinto
26. El Centro de las Artes ubicado en la antigua Cárcel y toda la magia que encierra el lugar, la celda donde estuvo preso Madero y sus jardines y patios.
27. El Callejón de San Francisco, su jardín, su templo y el candelabro de éste
28.  Catedral y su Sacristía
29.  El Salón de Cabildos de Palacio Municipal
30.  La Casa de la Cultura y sus jardines
31.  La Presa San José (aunque me gustaba más antes, con su caída de agua espectacular) y todo el Camino a la misma
32. La Sierra de San Miguelito y la Cañada del Lobo
33. Las Haciendas cercanas (aunque no pertenezcan a la ciudad)
34. Desayunar en el Mesón del Virrey y recordar que ahí vivió la virreina Francisca de la Gándara, eso como que me emociona
35. La nueva Asta Bandera Monumental (sobre todo cuando ondea la Bandera)
36. Todas las entradas a la ciudad por cualquiera de las carreteras que la conectan con otras ciudades
37. La Avenida Carranza y sus palmeras
38.   El kiosco de la Plaza de Armas en especial cuando toca la Banda Municipal
39.  Cruzar la ciudad relativamente rápido gracias a los puentes en Salvador Nava
40. El Templo de San Agustín y su majestuosidad
41. La iluminación escénica del Centro Histórico y cenar en la terraza de algún restaurant para apreciarla (recomiendo Appikus)
42. Las Gorditas de Morales y las del Camino a la Presa
43. Las enchiladas potosinas (especialmente las de Doña Mary recién hechas, en García Diego)
44.El nuevo hotel Palacio de San Agustín (una verdadera joya)
45. La vista desde el Sky Room del Hotel Panorama
46.La Privada Germán del Campo, en el Barrio de Tequisquiapan, sus casa y su fuente (un rincón secreto fabuloso)
47.El Panteón del Saucito y todas sus leyendas
48. La Leyenda del Callejón del Santo Entierro
49. La Plazoleta de Aranzazú y la Capilla que se ubica en el Museo Regional Potosino
50.  La UASLP y todos sus logros, su Edificio Central y su biblioteca


La lista, no lleva orden especial, salió conforme fue fluyendo y estoy segura que habrá quien me diga que me quedé corta. No incluyo personaje alguno para no saturar, de esos habrá otro post, seguro ameritan.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Para nuestros muertos, calabaza en tacha


Prefiero no existir a ser devorado por el olvido del tiempo, que nunca hablen ni piensen en mi para no ser un simple recuerdo.
Un día de muertos más por celebrar, nuevamente, como desde hace 6 años montamos el altar en casa para recordar a los que partieron de esta familia, repito nombres, repito historias, repito la relación de parentesco. Papel picado, fruta, calaveras, la cruz de sal, el pan, las veladoras, el cempasúchil, el agua… todo está ahí, con sus colores, con su vida para recordar a los muertos.
Celebraciones como Xantolo en la Huasteca Potosina, o la que se lleva a cabo en el lago de Pátzcuaro o en Mixtli, siempre me han parecido mágicas, es un honor vivir en un país con tantas manifestaciones culturales, que valen tanto como las de cualquier otro lugar, así de simple. No creo que haya necesidad alguna de desgarrarse vestiduras en cuanto a la influencia del Halloween en nuestro país ni mucho menos, es una fiesta más, que influye en México por muchos factores, llamémosle sincretismo, aculturación, globalización, mercadotecnia o de cualquier modo. El chiste es que es una influencia con la que nos tocó vivir y no nos hace ni peores ni mejores mexicanos a quienes se deciden por un festejo o por otro, o bien, por las dos. Esto va mucho más allá de lo que se festeje.
Este año en especial, pesa esta celebración en México, quizá mi ánimo festivo pretende ocultarlo, al menos, trato de no ponerme muy dramática en ese sentido, los míos no están para ver cómo me azoto por cosas que no está en mis manos resolver y que con lamentar, no puedo aminorar. Pero eso no evita que en general en estas últimas fechas aquí nos duelan especialmente algunos muertos ajenos como si fueran propios, duelen los muertos provocados por la corrupción, duelen aquellos que han caído en una guerra aún sin una estrategia clara y en la que, por lo que se ve, los ‘buenos’ vamos perdiendo, duelen todos los inocentes que han fallecido simplemente por estar en el lugar equivocado en el momento erróneo. Me parten el alma todos esos jóvenes que han caído cumpliendo su deber, acudiendo al llamado nacional de las armas porque así se los ordenan, o bien, aquellos chicos que han acudido a una reunión como debería hacerlo cualquier joven en el mundo entero y que son sorprendidos por la muerte.  Me lastiman especialmente todos aquellos muertos en vida, los que están muertos de miedo, sin atinar a más.
Por lo pronto sí, continuamos con la celebración y con una de las cosas que más disfruto de ella, su comida, junto a los tamales, el chocolate y la piñata (yo sé, no se estila, pero qué quieren, en esta casa así lo celebramos) cada año tiene que un lugar importante la calabaza en tacha que prepara mi mamá, y cuya receta le pedí por si algún día me toca a mí prepararla y para compartirla:
Ingredientes
-          1 ½ k de calabaza de castilla (una parte con cáscara) (se puede poner también camote y algunas guayabas)
-          2-3 conos de piloncillo (según lo dulce que se prefiera)
-          ¼ de taza de agua
-    una rama de canela, 2-3 clavos, 2-3 estrellas de anís
En una olla gruesa (puede ser de barro, express sin tapón de presión, una olla eléctrica de lento cocimiento, o bien, de hierro fundido) poner al fondo una capa de calabaza con la cáscara hacia abajo para evitar que se pegue o bien el camote en trozos grandes con cáscara. Encima poner trozos de piloncillo, agregar el resto de la calabaza ya sin cáscara, más camote y las guayabas si así se decidió. Agregar el ¼ de taza de agua.  Dejar cocer alrededor de media hora en la olla tapada (si es olla express no poner el tapón ni cerrar a presión), cuando la calabaza comienza a soltar su jugo, destapar la olla, al disoverse el piloncillo revolver y destapar de nuevo,  agregar una rama de canela en trozos, 1 ó 2 clavos y 1 ó 2 estrellas de anís. Dejar terminar de cocer a fuego lento, hasta que tengan una consistencia suave.
Se puede servir con Lechera si las penas son tantas que de verdad se necesita endulzar el momento y el piloncillo no es suficiente. Por el contrario, si se cree que esto empalaga hasta al más amargado, pues servir en plato sopero y agregar leche fría.

sábado, 30 de octubre de 2010

Que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero

Conocí a Miguel Hernández por Josefa Velasco, mi maestra de Clásicos de la Literatura en Bachillerato, desde la primera vez que supe de su historia me llamó la atención su vida, su entrega, el tiempo que le tocó vivir y su trabajo.
A Miguel le tocaron los tiempos duros de la España en Guerra Civil, fue encarcelado luego por Franco precisamente por su obra El hombre acecha y murió en prisión, enfermo, apenas a los 31 años, demasiado joven, la muerte le llegó como a muchos otros hombres valiosos les llega, antes de lo que debiera.
Uno de sus poemas que más me gusta es su Elegía a Ramón Sijé, amigo suyo quien también murió muy joven.
En ese poema Miguel muestra su sentir a la partida de un amigo, y, para mí, en una frase refleja todo el sufrimiento: "...Que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma compañero..." pues siempre he pensado que con un buen amigo la plática nunca termina, siempre queda algo pendiente por decir.
Ahora que nos toca vivir estos tiempos difíciles en México, en los que estoy segura tantos amigos han partido antes de tiempo y por lo tanto tantas amistades se han quedado con pláticas interrumpidas, creo que es un buen momento para repensar las guerras y todo lo que implican. Las microhistorias de horror que se tejen en cada una de ellas, así que a 100 años del natalicio de Miguel Hernández, vale, al menos, recordar su obra.

Elegía a Ramón Sijé - Miguel Hernández
(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
a quien tanto quería)

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada. En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las ladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

(El rayo que no cesa)

http://www.youtube.com/watch?v=bEHJcoY202M&feature=related

miércoles, 20 de octubre de 2010

Mi problema de memoria

Siempre lo he visto así, mi problema de memoria es simple, tengo muy buena memoria, pero no de la memoria que me puede sacar de apuros recordando, por ejemplo lo que me hace falta en la despensa cuando llego al súper, o el número de teléfono de la casa a donde fue a comer algún miembro de la minibanda, ni la dirección del tapicero, ni la del mecánico, ni la del carpintero de toda la vida. Ni de alguna de las múltiples juntas a las que debo asistir. No, ese tipo de cosas, mi memoria selectiva ha considerado que son inútiles para mí y las desecha, es más, creo que ni siquiera hace el menor esfuerzo por registrarlas la muy rebelde. En cambio,  ha decidido recopilar y archivar minuciosamente una serie de cosas inimaginables. Como el vestido aquél que llevaba el día que me sacó a bailar equis sujeto en una tardeada (aclaración para lectores menores de 25, sí iba a tardeadas y eso de la sacada a bailar era cosa divertida).
Esta memoria casi fotográfica para los atuendos me lleva a una paranoia tal por aquello de no repetir outfits, siempre que voy a salir procuro enlistar a mis acompañantes para ver si puedo o no ponerme determinada combinación. Como si de verdad les preocupara tanto lo que llevo puesto.
Esto de la buena memoria tiene a bien jugarme bromas divertidas, como cuando estoy en una reunión y de repente, recuerdo alguna anécdota que incluye a los ahí presentes, comienzo a reír y lo más divertido es que se las cuento y hasta parece que es una historia totalmente nueva para ellos. A veces comienzan poco a poco a recordar lo que cuento, o tal vez, simplemente dicen que sí pero en el fondo no saben de qué les hablo.
Me puedo acordar de cosas incluso de cuando era muy pequeña, las recuerdo como entre sueños y muchas veces he sorprendido a mis papás con esto. Les cuento algún recuerdo y sí, confirman que lo que les digo, es cierto, hasta en algunos lugares a los que llego y había visitado mucho tiempo atrás, me puedo acordar de ciertas cosas, de la última vez que lo visité, con quién fue, porqué y se me vienen a la mente una especie de flashback que incluyen pláticas, risas y otros sonidos.
Me encanta recordar cosas de todas las épocas en que he sido estudiante, a excepción de toda la tortura que implicaron las matemáticas en mi vida, esas cosas también, mi sabia memoria ha decidido borrarlas, para bien o para mal. Por ejemplo, las lecturas de los libros de la SEP aún me gustan mucho y me encanta que sigan publicando algunas historias de cuando yo estaba en Primaria. Hace poco retomé uno de estos libros y reí al ver que sigue apareciendo la historia de Palitroche (por favor, ¡díganme que la recuerdan!)
En otras ocasiones sucede con los aromas, pasar por una panadería me remonta inmediatamente a la época en que habité sobre una de ellas y todo el santo día olía a esa mezcla de harina, levadura y demás ingredientes en el horno. Es una reminiscencia inmediata que me gusta disfrutar. Cerrar los ojos casi me produce una teletransportación. Lo mismo me pasa con un perfume, si alguien es capaz aún de usar Obssession, Eternity, esas cosas entre sexosas y dulces creadas por Calvin Klein en los noventa, y se le ocurre pasar cerca de mí, la sonrisa me brota de inmediato, comienzo a recordar distintas aventuras, la disco, las fiestas, arreglarme para salir, las amigas, etcétera… y si el aroma en cuestión es el empalagosísimo Ted by Lapidus o el fresa Colors de Benetton pues los recuerdos se van hasta la adolescencia: Timbiriche, Flans, fleco parado, holanes y cosas por el estilo, comienzan a hacer acto de aparición en mi mente y mejor me guardo lo que sucede cuando alguien se atreve a pasar oliendo a Drakkar Noir…
Entre otras características que no sé si se puedan considerar cualidad o defecto, parezco cancionero Picot andante, me sé canciones de los más diversos estilos, desde rondas infantiles de esas que ya ni se escuchan, pasando por todo el catálogo ochentero, cumbias extrañas, muchas (quizá demasiadas) norteñas y rancheras que tengo guardadas, creo que en el subconsciente pues no sé exactamente cómo es que me las he aprendido. Ahí en el archivo musical también tengo, las horrendas de los noventa, algunos jinggles y tonadas de distintas canciones que de repente brotan solas en mi mente y me cuesta trabajo unir a su letra y cantante originales. Y sí, he de confesar que también me sé coreografías de memoria, desde hace no sé cuántos años, a toda canción que se le haya creado una, de seguro la tengo registrada, y lo que es peor, a la menor provocación, la saco a relucir.
Y de los sabores, mejor no hablo, me gusta recordar mi infancia con los sabores de los platillos de mis 2 abuelas, con las especialidades de mi mamá y con platos que he probado en otras ciudades o lugares y que tengo oportunidad de volver a probar, ese simple hecho me lleva de nuevo a revivir todo un viaje y sus aventuras por supuesto. Con un platillo puedo recordar una fiesta, una reunión, una buena charla o hasta un malestar provocado por algo en descomposición.
Afortunadamente mi buena memoria no sabe de rencores. Normalmente hace una especie de mezcla mágica ayudada de la perspectiva que dan la distancia y el tiempo, un poco de sensatez, una sacudida para liberarse de las cargas inútiles y ¡listo! Asunto arreglado. A lo mucho, le llega a la nostalgia, pero ésa también he aprendido a disfrutarla.
Estoy plenamente convencida de que tiene mucha razón quien me ha dicho varias veces, que yo, no soy histérica, nomás histórica.



lunes, 11 de octubre de 2010

Cuando el infierno nos hace reir




Cuando el infierno nos hace reir
Conocí a los hermanos Almada en el cine Silvia, cuando pasaba mis veranos en Higuera de Zaragoza, el pueblito sinaloense donde nació mi mamá. Era un cine fabuloso, sin techo por aquello del calorón y con largas bancas de madera como de parque. Ahí tuve a bien conocer aquellas películas en las que los hermanos Almada luchaban contra el narcotráfico vestidos de judiciales, pude ser testigo de cómo en el cine todos se emocionaban al ver los balazos y claro, los Almada, Valentín Trujillo y todos sus socios al final, siempre se quedaban con la buenota y claro, siempre acababan con los rufianes.
Hace poco volví a ver a uno de los Almada en el cine, a don Mario, en El Infierno, película que ví pues me dijeron no me podía perder. No soy crítica de cine, pero hubo varias cosas que me llamaron la atención de esta película, para empezar reconozco que sí, tiene buenas puntadas, que me hicieron reír, pero no al grado en el que reía la mayoría de la gente en la sala. Había cosas con las que más bien, me daban ganas de llorar por reales y crudas, más cuando se notaba el apoyo de todos hacia los narcos protagonistas.
No creo que haya sido una película que me revelara nada que no supiera, me pareció más bien, un resumen de poco más de dos horas de todas las noticias que vemos diario en la televisión en cápsulas de 30 segundos. Notas sobre muertos, balaceras y pueblos sin ley que son ya tan abrumadoras que simplemente no se les da seguimiento, surgen así, en la locura entre bajas y altas de la bolsa de valores, huelgas europeas, declaraciones de AMLO, Peña Nieto y secuaces, escándalos de artistuchas sin mérito, etcétera. Simplemente quienes hicieron esta película se dieron a la tarea de reunir esta información suelta y ponerla con un toque de humor ácido en poco más de 2 horas.
Me sorprende, más bien, el hecho de que haya sido patrocinada en gran parte por IMCINE con su proyecto con motivo del Bicentenario para promover películas mexicanas. La idea parece como baño de pureza, como para que veamos que no limitan la libertad de expresión, aunque en la película el gobierno quede barrido y trapeado. Pero con esto, al menos creen, lavarse un poco las manos.
Por cierto, también fue en Sinaloa donde conocí, hace mucho tiempo, la historia de El Cochiloco original, un narco de los de antes, que, en lo que cabe y viendo la situación actual, se daba a respetar. Historias de las que ya se escuchaba desde los setenta por aquellos rumbos y que ahora lamentamos, no se hayan sabido arrancar de tajo en su momento.
Hay varias alegorías en la película dignas de llamar la atención por su simple representatividad, no quiero repetirlas todas por aquello de que habrá quien lea esto sin haberla visto, pero son quizá esas alegorías lo mejor de la película: un escudo nacional ensangrentado en un atril, narcotraficantes retratados con expresidentes y con el Papa, chavos que deciden cobrar venganza por la muerte de sus padres narcos, demostrándonos que esta guerra está lejos de terminar.
En lo personal, me parece una de las escenas más representativas de todo El Infierno es el momentito en el que aparece don Mario Almada como chivero, ahí sí, me quise poner a llorar literalmente, como niña chiquita que no distingue a los personajes de los actores, recordé a aquel señor vestido de judicial, siempre luchando contra el narcotráfico y ví como con esto el director nos muestra la crudeza de nuestra realidad, los del lado de los buenos, quienes se supone estaban originalmente para defendernos, han decidido cambiar de bando. Cosa que no es novedad tampoco, ni algo que desconociera, pero ver que la sala entera riera de esas cosas creo que me sobrepasó. Por supuesto que no creo que se debiera a falta de sentido del humor de mi parte ni mucho menos. Me encanta la ironía y el sarcasmo, pero hay cosas que me duelen y duelen mucho.
Reconocer que la realidad que retrata esa película es la que se vive en muchos pueblos de nuestro país, duele. Ver que esto no pinta para que salgamos de esa guerra por la falta de estrategias adecuadas, de oportunidades, de educación, de principios y de muchas otras cosas, duele aún más.
Pero salir del cine, comentar que qué fuerte está la película, irte a cenar y luego a dormir pues crees que no tienes nada que ver con lo que se presenta, definitivamente eso sí, me parte.
¿Cuántas películas más tendremos que ver sobre el tema hasta que se vuelvan a reconocer bien a bien quiénes son los buenos y los malos?
¿Seguiremos conformándonos con ver pasar supuestos héroes y villanos de un bando a otro así sin más en la vida real? ¿Seguiremos cruzados de brazos al ver noticias de muertos, desaparecidos, secuestros, falsos retenes y lo que se acumule para luego, simplemente paralizarnos por el miedo y ya?

lunes, 4 de octubre de 2010

Sencillos deseos y la magia de un poema de la Belli

Este es precisamente el poema de Gioconda Belli que en el post previo les comentaba que en cierta ocasión me cayó como anillo al dedo y produjo resultados mágicos, puso las palabras justas que requería en el momento preciso y lo que sucedió, mejor me lo guardo.

Sencillos deseos

Hoy quisiera tus dedos
escribiéndome historias en el pelo,
y quisiera besos en la espalda,
acurrucos, que me dijeras
las más grandes verdades
o las más grandes mentiras,
que me dijeras por ejemplo
que soy la mujer más linda,
que me querés mucho,
cosas así, tan sencillas, tan repetidas,
que me delinearas el rostro
y me quedaras viendo a los ojos
como si tu vida entera
dependiera de que los míos sonrieran
alborotando todas las gaviotas en la espuma.
Cosas quiero como que andes mi cuerpo
camino arbolado y oloroso,
que seas la primera lluvia del invierno
dejándote caer despacio
y luego en aguacero. Hoy quisiera tus dedos
escribiéndome historias en el pelo,
y quisiera besos en la espalda,
acurrucos, que me dijeras
las más grandes verdades
o las más grandes mentiras,
que me dijeras por ejemplo
que soy la mujer más linda,
que me querés mucho,
cosas así, tan sencillas, tan repetidas,
que me delinearas el rostro
y me quedaras viendo a los ojos
como si tu vida entera
dependiera de que los míos sonrieran
alborotando todas las gaviotas en la espuma.
Cosas quiero como que andes mi cuerpo
camino arbolado y oloroso,
que seas la primera lluvia del invierno
dejándote caer despacio
y luego en aguacero.

Cosas quiero, como una gran ola de ternura
deshaciéndome un ruido de caracol,
un cardumen de peces en la boca,
algo de eso frágil y desnudo,
como una flor a punto de entregarse
a la primera luz de la mañana,
o simplemente una semilla, un árbol,
un poco de hierba.

domingo, 3 de octubre de 2010

Y dios me hizo mujer



Hace alrededor de un año descubrí a esta gran poetisa nicaragüense, Gioconda Belli, su poesía apareció en mi vida como por arte de magia, de esas veces que quieres decir algo y no te sale y resulta que topas con alguien que lo ha dicho mejor de lo que lo podrías haber hecho tú. Con las palabras precisas.
Más adelante les compartiré lo que me encontré en aquella ocasión.
Ahora, buscando otra cosa, me encuentro con esto que también es de ella y aquí lo dejo, por el puro gusto de celebrar que soy mujer.

Y Dios me hizo mujer,
de pelo largo,
ojos,
nariz y boca de mujer.
Con curvasy pliegues
y suaves hondonadas
y me cavó por dentro,
me hizo un taller de seres humanos.
Tejió delicadamente mis nervios
y balanceó con cuidado
el número de mis hormonas.
Compuso mi sangre
y me inyectó con ella
para que irrigara
todo mi cuerpo;
nacieron así las ideas,
los sueños,
el instinto.
Todo lo que creó suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días
por las que me levanto orgullosa
todas las mañanas
y bendigo mi sexo.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Vivir el Bicentenario

Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos. Jorge Luis Borges
La minibanda y su familia llegó al DF alrededor de la una de la tarde, emocionados, preguntando cosas sobre lo que observaban, de repente peleando, jugando, eso sí, a estas alturas eran ya unos expertos en viajes en carretera y sabían comportarse moderadamente bien sin llegar a enloquecer a sus papás ni a los abuelos con sus cosas.
Al parecer, era una gran idea acudir a los festejos del Bicentenario de la Independencia a la mismísima ciudad de México, con todo y lo que algunos medios y muchos conocidos decían. Iban con la certeza de que lo disfrutarían mucho y que valía la pena estar ahí, en el centro de todo. No se sentía el miedo, simplemente por la seguridad que los adultos pueden transmitir a los niños cuando se sienten así, sin temores.
La gran capital se notaba extraña por tanta calma, pero a pesar de las calles cerradas por el festejo, la circulación era fluida y el abuelo, como siempre recordaba y aconsejaba las mejores vías para llegar al hotel. Papá, también como siempre, callado, manejaba como si fuera su ruta diaria, veía sus anotaciones, comentaba algo con el abuelo y continuaba.
Al llegar al hotelito en la Roma Sur todos coincidieron en que estaba en la mejor ubicación, así que descansaron un poco, se cambiaron y salieron caminando hacia Reforma, para llegar temprano y tener el mejor lugar para el desfile. Tal como se recomendaba.
 La ciudad seguía en calma, a pesar de lo que muchos les pudieron comentar. Había un enorme dispositivo de seguridad para entrar a la Zona Rosa, parecido al de un aeropuerto. Comieron en un restaurancito italiano típico del lugar, devoraron la pizza y la lasagna y salieron hacia Reforma a esperar el desfile, mientras, se pintaron la cara, pelearon, jugaron y hasta bailaron con la música ambiental. Estaban justo junto a la valla que quedaba frente al escenario donde después del desfile se presentaría Lila Downs, alguien que mamá y los abuelos decían era una gran cantante y no se podían perder.
Cuando comenzó el desfile ya se había acumulado mucha gente detrás, pero seguían con la mejor ubicación. El Gordo y Pelón se sentaron cómodamente sacando los pies y la cabeza entre los barrotes de la valla, la Princess, más alta, quedó sentada detrás de ellos junto con su primo chilango. No se perdieron detalle. Disfrutaron lo mismo de las cabezas de los personajes extraordinarios, del coloso desarmado, de los animales en peligro de extinción y hasta de los toritos. La Princess se emocionó mucho con los bailables y trajes regionales. Gritaban, aplaudían, preguntaban quiénes eran los personajes o de qué trataba algún carro que no comprendían bien. Pelón pitaba con un silbato que le habían regalado. Mientras duró el desfile, nunca se quejaron. Todos coincidieron que lo que más les gustó fue el homenaje al Día de Muertos, las catrinas y calacas patinando.
Al terminar el desfile, se sentían cansados, así que toda la familia, incluyendo a la tía y el primo chilangos que se habían unido, se sentaron en la banqueta, así como si nada, a descansar y esperar el famoso concierto de la tal Lila. El Gordo y Pelón cayeron rendidos, se durmieron en plena banqueta de Paseo de la Reforma recostados en las piernas de papá y mamá. Mientras los demás observaban el espectáculo de la gente disfrazada que pasaba por ahí y de todo lo que se vendía. De pronto mamá saltó, por fin estaba Lila en el escenario, los abuelos se pusieron a bailar también. Ni modo, se terminaba la siesta. Ahí estaba la famosa Downs, la minibanda no entendía nada, pero algún día, sabía mamá, apreciarían la música de esa mujer y toda su carrera, estaba tan segura, pues así justo le pasó con la Vargas y con tantos otros cantantes que los abuelos admiraban y que ahora de adulta, ella también apreciaba.
Todavía no terminaba el concierto cuando el hambre los venció, así que entraron al primer Vip’s que encontraron cerca. Mamá, en su locura, mientras asignaban mesa, decidió quedarse un rato viendo el final del concierto de su Lila en  las pantallas frente a la Palma de Reforma y después de cenar, salió junto con papá a ver la ceremonia del Grito que ahí se transmitía desde Palacio Nacional. Se emocionó, como cada año le pasaba desde que tenía memoria. Cantaron el Himno Nacional y ella no pudo evitar que le corrieran las lágrimas, simplemente, no podía creer el estar presenciando eso. Vivir el Bicentenario, vivir la historia.
Al día siguiente, temprano, volvieron a salir rumbo a Reforma, al Desfile Militar. El Gordo comentó que sí quería ir al desfile pero preguntó si otra vez tenían que quedarse en la calle hasta la noche, que eso como que no se le antojaba tanto.
Esta vez no tuvieron tanta suerte, parecía que todos los chilangos habían decidido ir a ver el Desfile Militar, estaban entre aplastados y asoleados justo frente a la Torre Mayor, conforme se acercaba el desfile, se acumulaba más gente alrededor. Los únicos con buena ubicación eran Pelón, sentado junto a la valla nuevamente, y el abuelo, detrás de él pero más alto que cualquiera alrededor suyo. El resto terminó sentado en una valla afuera de la entrada a Chapultepec y mamá en un diablito que la señora que vendía tlacoyos amablemente le había prestado a cambio de que le ayudara a jalar clientela, nunca se lo hubiera pedido, se lo tomó muy en serio y gritaba: ¡A 20 los tlacoyos páseleeeee! Veían a quienes desfilaban de la cintura para arriba. Lo que más disfrutaban, en realidad, era toda la escena, parecían más bien parte de la familia Burrón. La tía chilanga después de reírse de la situación decidió que lo mejor era terminar de ver el desfile cerca del Campo Marte, así que para allá se fueron. Otro panorama por supuesto, sin vallas, con menos gente pudieron disfrutar el resto del contingente, saludar a los participantes, felicitarlos y hasta tomarse con ellos algunas fotos. Se emocionaron mucho, la Princess incluso comentó que le gustaría ser enfermera militar. Gran cosa.
Ya por la tarde, para rematar el ambiente festivo y bicentenario decidieron irse al mismísimo Zócalo, seguía lleno de gente, de vendedores, de trabajadores que desmontaban estructuras y de basura, mucha basura. Pero no les importó, caminaron por ahí, entraron a Catedral, intentaron entrar a Palacio Nacional pero no pudieron y disfrutaron del espectáculo que daban los globos con forma de cohete rebotando por toda la plaza y de las nubes de algodón de azúcar rosa que flotaban y que la minibanda trataba de atrapar. Una vez más, en el centro de la acción, se sentían sin miedo, con la seguridad que daba ver a tanta gente junta compartiendo simplemente las ganas de disfrutar el día de fiesta y nada más. Entraron al Holliday Inn, subieron al bar de su terraza y desde ahí pudieron apreciar mejor la majestuosidad de la plaza principal del país, de su grandeza y de toda esa gente, que se notaba, tenía tantas ganas, como ustedes, de que las cosas estuvieran bien para todos, de poder estar en paz, de poder estar alegres disfrutando de los festejos de su patria, simplemente de eso. Por el momento, al parecer nadie alrededor tenía la intención de lamentar todo lo que los mexicanos sufrían, ni de pensar en lo mal manejado que estaba el país, ni en cosas por el estilo. Habían decidido que era un día de fiesta, así que eso hacían festejar, sin ser por ello ni más ni menos mexicanos que quienes habían decidido lo contrario.
Y la minibanda y su familia seguían ahí, disfrutando de su país y de su fiesta, sin miedo, con la seguridad de estar viviendo la historia.