sábado, 20 de noviembre de 2010

La Revolución merecida



Esa idea mesiánica de que cada 100 años se repetirá una lucha armada en México, a esa retórica barata y simplista de querer encontrar un parecido forzoso entre la violencia de estos días con la guerra de Independencia o con la Revolución, no le veo sentido. No soy experta en el tema, pero la historia siempre ha sido una de mis pasiones, y creo, humildemente, que a estos días les falta la entereza de quienes se levantaron por diversas causas en aquellos momentos.
El haber nacido en el último cuarto del siglo pasado me forzó a vivir las épocas de exaltación revolucionaria promovida por los regímenes príistas y entonces sí, se nos hacía ver al movimiento como la panacea que vino a traer una serie de bondades a este país. A la Revolución, decían los priístas, le debíamos todo lo bueno que gozábamos, que nos preparábamos para administrar la riqueza, que todo era por, para y del pueblo, nada mejor que la Reforma Agraria y la muy ensalzada Constitución del  17 en la que, decían, se encajonaban todos los frutos y bondades de la lucha armada. De ese cruento derramamiento de sangre, plagado de traiciones. Aquellos a los que les plantó que la fecha para conmemorar ese movimiento era el 20 de noviembre, por lo establecido en el Plan de San Luis.
Entonces se nos hablaba de héroes y villanos, Claro, eso afirmaban a quienes sí les había hecho justicia la revolución, decían los más leídos, aquellos rebeldes a los que no les contaban las muelas. Con ese cuento crecí, con el de sentirme una orgullosa potosina pues el mismísimo Madero había redactado aquí su valioso Plan que nos llevó a ser una gran nación, y que si tierra y libertad y que sufragio efectivo, no reeleción y cosas por el estilo.
Afortunadamente, el gusanito lector que llevo dentro me llevó a leer sobre el tema tanto como he podido, ha visitar lugares significativos del movimiento (como el museo del Cerro de la Bufa, en Zacatecas, entre otros) y a descubrir que el movimiento iniciado en 1910, no tuvo héroes ni villanos en especial, que Madero era un loco que creía que los muertos y los astros le hablaban, que si no hubiera sido por la visión de Don Porfirio estaríamos 100 años más atrasados de lo que estamos y que no era tan malo como los priístas nos quisieron hacer creer, que Villa era más bien temido por bandolero y que era el azote de las chicas de cuanto lugar visitaba, que Carranza ya en el poder no robó más porque no pudo y que Zapata, ¡¡Ah qué mi Zapata!!!…. En fin, no se trata esto de desmitificar héroes, para eso hay expertos. Lo cierto es que he descubierto que esas gentes algo sí tenían al menos, y eran ideales, supieron ser líderes, tuvieron sueños y convocaron, no se quedaron sentados a lamentarse, ni de brazos cruzados dejando que otros hicieran lo que a ellos correspondía. Se levantaron y dieron el paso. Con todo y sus errores y ambiciones personales.
Hoy, que gracias a tanta información y libertad para expresarnos podemos desmitificar héroes y batallas, es buena idea volver atrás con otros ojos, ver qué de bueno se logró con tantas muertes y tanta sangre derramada. Ver que los legisladores del 17 no estuvieron del todo mal por ejemplo, había cosas que era necesario que quedaran asentadas en papel. También es importante voltear a ver la lucha silenciosa de tantas mujeres que desde entonces clamaban igualdad de trato y también a quienes a estas alturas la revolución y todo lo dicho en su nombre no les ha logrado hacer justicia.
No permitamos que los modernos bandoleros se quieran trepar a la historia y hacernos creer que emulan a los insurgentes de aquél entonces. Lo de hoy, no tiene comparación, no hay un ideal social compartido, no se habla de principios, no se sustenta en la búsqueda del bien común, así que por eso, simplemente, no se le puede comparar. A los delincuentes de ahora les quedan grandes sus antecesores.
A quienes formamos parte de esta generación, nos hicieron escépticos ya, no creemos en historias baratas de héroes y villanos, cargamos un hartazgo extremo por todas las cosas que no se supieron resolver a tiempo y que hoy enfrentamos sus consecuencias y esta historia, sí, no debería repetirse. Simplemente porque la generación venidera no tiene porqué pagar por nuestra pasividad.
Lo que sí debemos hacer es retomar esto como un buen momento para, a la luz de todos los estudios hechos sobre la época, con una perspectiva amplia de la nueva realidad social en la que vivimos, decidamos levantarnos también, dejar de quejarnos y comenzar a actuar.
Creo firmemente en una nueva revolución, en una revolución que venga desde la educación, una revolución que tenga que ver con reflexiones, con nuevas ideas, con una nueva consciencia social y un compromiso vehemente de todos los que formamos este país. De quienes estamos convencidos de que las cosas no tiene porqué venir nadie a regalárnoslas, de que ya no es moral seguir viendo como cada día la brecha entre ricos y pobres se amplía en este país. De quienes sabemos que no está bien permitir el abuso de unos cuantos, vengan del poder político, económico o violento, que piensan que nomás porque sus chicharrones truenan pueden aprovecharse de los demás. Creo en una revolución de quienes estamos conscientes de que sólo con principios cívicos y humanos podemos llegar a ser la gran nación que nos merecemos.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Mi San Luis

Hoy, hace 418 años se fundó la ciudad San Luis minas del Potosí, (Acta de Fundación aquí: http://members.fortunecity.es/zackmkr/sanluis/a01.html ) en la única región con ojos de agua suficientes para ser poblada que quedaba relativamente cerca del rico Cerro de San Pedro,  a partir de su fundación la ciudad fue dividida en 7 barrios, mismos que aún existen, con sus respetivas historias y tradiciones.
He vivido prácticamente toda mi vida aquí, salvo un año en el extranjero y otro en Irapuato, ocasiones que sirvieron para que pudiera apreciar aún más esta maravillosa ciudad. Como todo, tiene muchos problemas, pero en ocasión de su aniversario quisiera recordar más bien sus virtudes (algunas de ellas) pues para eso está de fiesta, no para hacerla quedar mal.


1.      El centro histórico, todos sus jardines y su zona peatonal
2.      Sus 7 barrios y todo su encanto
3.      El Templo del Carmen y su Camerín recubierto de hoja de oro (motivos personalísimos)
4.     La Plazoleta del Carmen y sus payasos bobos
5.       El Teatro de la Paz
6.     El Museo de la Máscara y el Federico Silva de escultura
7.     Caminar desde el Mercado Hidalgo hasta el Santuario de Guadalupe por toda la calle Hidalgo y continuar por la Calzada de Guadalupe
8.      Sentarme frente a la Caja de Agua
9.      Las nieves de Don Cruz (en especial las de vainilla y cajeta)
10.  Los Chocolates Costanzo (y la nuez encanelada más)
11.  Los tacos de Doña Juanita de Tequis, y verla voltear las tortillas con los dedos en el aceite, me parece un acto circense
12.  El Salón Principal de la Sociedad Potosina La Lonja y toda su historia
13.  La escultura en Cera de Benito Juárez y la Princesa de Salm Salm en Palacio de Gobierno
14. La Alameda, sus monumentos escondidos y sus patos
15.  La máquina del ferrocarril frente a la antigua estación y el mural de la misma
16. La Plaza España y la Plaza de Toros Fermín Rivera
17. Los tacos de tripa Don Juanito en la calle Sevilla y Olmedo (San Miguelito)
18.  Las chalupas de Doña Lichita sobre Reforma
19.  El pan de La Superior (en especial sus bolillos)
20.  El Parque Tangamanga I (en especial ver el amanecer cerca del Lago Mayor)
21.  El Parque de Morales y sus elotes por supuesto
22. El Distribuidor Juárez
23. Los Gladiadores del San Luis (graaaan equipo J)
24. El Mirador de la entrada por la carretera a Guadalajara y el del anillo Periférico (sobre el Parque Tangamanga)
25. El Museo Laberinto
26. El Centro de las Artes ubicado en la antigua Cárcel y toda la magia que encierra el lugar, la celda donde estuvo preso Madero y sus jardines y patios.
27. El Callejón de San Francisco, su jardín, su templo y el candelabro de éste
28.  Catedral y su Sacristía
29.  El Salón de Cabildos de Palacio Municipal
30.  La Casa de la Cultura y sus jardines
31.  La Presa San José (aunque me gustaba más antes, con su caída de agua espectacular) y todo el Camino a la misma
32. La Sierra de San Miguelito y la Cañada del Lobo
33. Las Haciendas cercanas (aunque no pertenezcan a la ciudad)
34. Desayunar en el Mesón del Virrey y recordar que ahí vivió la virreina Francisca de la Gándara, eso como que me emociona
35. La nueva Asta Bandera Monumental (sobre todo cuando ondea la Bandera)
36. Todas las entradas a la ciudad por cualquiera de las carreteras que la conectan con otras ciudades
37. La Avenida Carranza y sus palmeras
38.   El kiosco de la Plaza de Armas en especial cuando toca la Banda Municipal
39.  Cruzar la ciudad relativamente rápido gracias a los puentes en Salvador Nava
40. El Templo de San Agustín y su majestuosidad
41. La iluminación escénica del Centro Histórico y cenar en la terraza de algún restaurant para apreciarla (recomiendo Appikus)
42. Las Gorditas de Morales y las del Camino a la Presa
43. Las enchiladas potosinas (especialmente las de Doña Mary recién hechas, en García Diego)
44.El nuevo hotel Palacio de San Agustín (una verdadera joya)
45. La vista desde el Sky Room del Hotel Panorama
46.La Privada Germán del Campo, en el Barrio de Tequisquiapan, sus casa y su fuente (un rincón secreto fabuloso)
47.El Panteón del Saucito y todas sus leyendas
48. La Leyenda del Callejón del Santo Entierro
49. La Plazoleta de Aranzazú y la Capilla que se ubica en el Museo Regional Potosino
50.  La UASLP y todos sus logros, su Edificio Central y su biblioteca


La lista, no lleva orden especial, salió conforme fue fluyendo y estoy segura que habrá quien me diga que me quedé corta. No incluyo personaje alguno para no saturar, de esos habrá otro post, seguro ameritan.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Para nuestros muertos, calabaza en tacha


Prefiero no existir a ser devorado por el olvido del tiempo, que nunca hablen ni piensen en mi para no ser un simple recuerdo.
Un día de muertos más por celebrar, nuevamente, como desde hace 6 años montamos el altar en casa para recordar a los que partieron de esta familia, repito nombres, repito historias, repito la relación de parentesco. Papel picado, fruta, calaveras, la cruz de sal, el pan, las veladoras, el cempasúchil, el agua… todo está ahí, con sus colores, con su vida para recordar a los muertos.
Celebraciones como Xantolo en la Huasteca Potosina, o la que se lleva a cabo en el lago de Pátzcuaro o en Mixtli, siempre me han parecido mágicas, es un honor vivir en un país con tantas manifestaciones culturales, que valen tanto como las de cualquier otro lugar, así de simple. No creo que haya necesidad alguna de desgarrarse vestiduras en cuanto a la influencia del Halloween en nuestro país ni mucho menos, es una fiesta más, que influye en México por muchos factores, llamémosle sincretismo, aculturación, globalización, mercadotecnia o de cualquier modo. El chiste es que es una influencia con la que nos tocó vivir y no nos hace ni peores ni mejores mexicanos a quienes se deciden por un festejo o por otro, o bien, por las dos. Esto va mucho más allá de lo que se festeje.
Este año en especial, pesa esta celebración en México, quizá mi ánimo festivo pretende ocultarlo, al menos, trato de no ponerme muy dramática en ese sentido, los míos no están para ver cómo me azoto por cosas que no está en mis manos resolver y que con lamentar, no puedo aminorar. Pero eso no evita que en general en estas últimas fechas aquí nos duelan especialmente algunos muertos ajenos como si fueran propios, duelen los muertos provocados por la corrupción, duelen aquellos que han caído en una guerra aún sin una estrategia clara y en la que, por lo que se ve, los ‘buenos’ vamos perdiendo, duelen todos los inocentes que han fallecido simplemente por estar en el lugar equivocado en el momento erróneo. Me parten el alma todos esos jóvenes que han caído cumpliendo su deber, acudiendo al llamado nacional de las armas porque así se los ordenan, o bien, aquellos chicos que han acudido a una reunión como debería hacerlo cualquier joven en el mundo entero y que son sorprendidos por la muerte.  Me lastiman especialmente todos aquellos muertos en vida, los que están muertos de miedo, sin atinar a más.
Por lo pronto sí, continuamos con la celebración y con una de las cosas que más disfruto de ella, su comida, junto a los tamales, el chocolate y la piñata (yo sé, no se estila, pero qué quieren, en esta casa así lo celebramos) cada año tiene que un lugar importante la calabaza en tacha que prepara mi mamá, y cuya receta le pedí por si algún día me toca a mí prepararla y para compartirla:
Ingredientes
-          1 ½ k de calabaza de castilla (una parte con cáscara) (se puede poner también camote y algunas guayabas)
-          2-3 conos de piloncillo (según lo dulce que se prefiera)
-          ¼ de taza de agua
-    una rama de canela, 2-3 clavos, 2-3 estrellas de anís
En una olla gruesa (puede ser de barro, express sin tapón de presión, una olla eléctrica de lento cocimiento, o bien, de hierro fundido) poner al fondo una capa de calabaza con la cáscara hacia abajo para evitar que se pegue o bien el camote en trozos grandes con cáscara. Encima poner trozos de piloncillo, agregar el resto de la calabaza ya sin cáscara, más camote y las guayabas si así se decidió. Agregar el ¼ de taza de agua.  Dejar cocer alrededor de media hora en la olla tapada (si es olla express no poner el tapón ni cerrar a presión), cuando la calabaza comienza a soltar su jugo, destapar la olla, al disoverse el piloncillo revolver y destapar de nuevo,  agregar una rama de canela en trozos, 1 ó 2 clavos y 1 ó 2 estrellas de anís. Dejar terminar de cocer a fuego lento, hasta que tengan una consistencia suave.
Se puede servir con Lechera si las penas son tantas que de verdad se necesita endulzar el momento y el piloncillo no es suficiente. Por el contrario, si se cree que esto empalaga hasta al más amargado, pues servir en plato sopero y agregar leche fría.