jueves, 20 de marzo de 2014

En busca de la felicidad desde 1995

Este texto fue publicado originalmente hace unos meses en el suplemento Vida+ del Diario en línea 24 horas. Hoy, al ser oficialmente el Día Internacional de la Felicidad, lo vuelvo a compartir aquí:

"En 1995, como muchos otros mexicanos, debido a la crisis, mis papás tenían 2 carros que nos hacían acudir frecuentemente al mecánico. Conocido como “El Güero”, un chaparrito simpático, muy platicador, alcohólico, con 3 talleres en distintos puntos de la ciudad y una mujer encargada de cada uno de ellos con las que tenía uno o más hijos. El negocio y patriarcado le funcionaban bastante bien, tenía empleadas y aprendices sin sueldo ni prestaciones. En una de esas tantas visitas a uno de sus talleres, me puse a platicar con uno de sus hijos, mientras éste le metía talacha al coche. Era un chico de 8 años quien en la plática me contó que estaba por cumplir 9. Le pregunté que qué quería de cumpleaños, luego de pensarlo contestó: “Pues ya ni sé, es que todo tengo: patineta, balón, Nintendo y bici, ya no necesito nada más”. La anécdota desde entonces se volvió una enseñanza de vida para mí, me pareció increíble (y aleccionador) como alguien quien pudiera ser visto por muchos con lástima dada su situación, sentía que en esta vida no necesitaba nada más para tener un “cumpleaños feliz”.
Quizá esto de alcanzar la felicidad a muchos les suene frívolo o muy subjetivo. La verdad es que desde la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, el derecho a buscar la felicidad, quedó consagrado en muchas constituciones como un Derecho Humano fundamental. Es decir, el Estado, debe promover y facilitar el que todos sus habitantes alcancen un nivel de satisfacción en su vida y en las diferentes dimensiones que la componen, incluyendo la salud, la seguridad, la libertad y el trabajo. De esta manera también, se puede medir el progreso de la sociedad.
Con base en esto, un lejano país como Bután, ha decidido reconocer la supremacía de la felicidad nacional por encima de los ingresos nacionales, desde principios de los 70, cuando adoptó el concepto de un Índice de Felicidad Nacional Bruta para sustituir al Producto Interior Bruto (PIB) y con esto, enfocar las políticas nacionales en buscar la satisfacción plena de todos sus habitantes más que en los logros económicos. Los indicadores que mide este índice son la promoción del desarrollo socioeconómico sostenible e igualitario, la preservación y promoción de valores culturales, la conservación del medio ambiente y el establecimiento de un buen gobierno. Cosas, que a ojo de buen cubero, son difíciles de alcanzar, pero que claramente nos hablan de una especie de “sociedad ideal”.
Esto no quiere decir que la gente más feliz del mundo viva en Bután, ahí, simplemente se han dado a la tarea de buscar cómo medir de manera objetiva algo que sin duda, todos, de alguna u otra manera, queremos alcanzar. El hecho de reconocer que lo que realmente importa no es la satisfacción de las necesidades económicas únicamente sino una serie de factores que van más allá de esto, nos da la pauta para poner la felicidad en términos más serios y menos ilusorios. Se vuelve entonces algo más palpable.
Incluso, desde hace algunos años, El informe Happy Planet Index usa la esperanza de vida, la percepción del bienestar y la huella ecológica como indicadores para medir la felicidad media de los habitantes de cada país, y así obtener la lista de los países más felices del mundo, en cuya última medición, México ocupa el lugar 21 de 151 países.
Por su parte la encuestadora Gallup, mide también el nivel de “sentimientos positivos” de los habitantes de distintos países y encontró que no guardan relación alguna con los ingresos económicos ni mucho menos con el PIB. Así que, con esto podemos confirmar que la verdadera felicidad, la debemos buscar en otro lado."

sábado, 8 de marzo de 2014

Hoy también queremos flores


Un año más para conmemorar este día, ¿será que me toque vivir un 8 de marzo en que al fin podamos decir “ya no hay un motivo más para levantar la voz, al fin hemos alcanzado la equidad”? Ojalá.
Hoy fluyen los ríos de datos y cifras que le pueden demostrar a cualquiera que se niegue a creerlo, que no, no hemos alcanzado la equidad. Que por más políticas públicas aún falta mucho por hacer. Quizá llegue un día que no sean necesarias las cuotas de género forzosas en partidos políticos simplemente porque las mujeres estemos plenamente representadas en todos los niveles de poder y toma de decisiones. A lo mejor un día, todas las mujeres podrán ganar lo mismo que un hombre si realizan la misma actividad profesional que ellos y contarán con prestaciones suficientes para sentirse tranquilas en su centro de trabajo sabiendo que sus hijo/as están bien atendid/as. Tal vez pronto nadie será capaz de poner en duda que vale la pena que una niña termine su educación básica y continúe sus estudios hasta donde sus sueños la quieran llevar.
La verdad a estas alturas, corresponde conmemorar una vez más lo que muchas han logrado, voltear atrás y ver que mujeres de generaciones previas podrían decir que estamos a kilómetros de distancia de lo que ellas padecieron y que ya casi lo logramos, pero creo que la vida, los años o  la madurez, me han hecho un poco amargada menos optimista que antes, veo que no es fácil, compruebo con tristeza que lo que más pesa es la falta de sororidad y de aspiraciones de muchas, ese encasillamiento en el “así es, así siempre ha sido, ¿por qué habría de cambiarlo yo?” como resultado de tanto que lo han visto y escuchado, como un proceso de resignación que a veces suena a conformismo por mera comodidad pero que mucho tiene que ver con ese taladreo de frases y actitudes misóginas que se van quedando poco a poco en el subconsciente.
Ojalá que si no me toca a mí, al menos le toque a mis alumnas, a todas esas generaciones que han pasado por mis manos, a la chica que me ayuda en casa y a sus parientes y, por supuesto, a mi hija, sobrinas y futuras nueras. Por todas ellas, creo que vale la pena que esta generación, la nuestra, la de mis tiempos, las que ya no somos “millennials” pero tampoco somos abuelas chapadas a la antigua rompamos esquemas, quitemos tabúes y demostremos que se puede y que vale la pena luchar por ello.
Si a alguien le falta inspiración y para no saturar con frías cifras, les dejo mejor este poema de una de mis autoras favoritas:

"Ocho de Marzo”

Amanece con pelo largo el día curvo de las mujeres,
¡Qué poco es un solo día, hermanas,
qué poco, para que el mundo acumule flores frente a nuestras casas!
Desde la cuna donde nacimos hasta la tumba donde dormiremos
-toda la atropellada ruta de nuestras vidas-
deberían pavimentar de flores para celebrarnos
(que no nos hagan como a la Princesa Diana que no vio, ni oyó
las floridas avenidas postradas de pena de Londres)
Nosotras queremos ver y oler las flores.

Queremos flores de los que no se alegraron cuando nacimos hembras
en vez de machos,
Queremos flores de los que nos cortaron el clítoris
Y de los que nos vendaron los pies
Queremos flores de quienes no nos mandaron al colegio para que cuidáramos a los hermanos y ayudáramos en la cocina
Flores del que se metió en la cama de noche y nos tapó la boca para violarnos mientras nuestra madre dormía
Queremos flores del que nos pagó menos por el trabajo más pesado
Y del que nos despidió cuando se dio cuenta que estábamos embarazadas
Queremos flores del que nos condenó a muerte forzándonos a parir
a riesgo de nuestras vidas
Queremos flores del que se protege del mal pensamiento
obligándonos al velo y a cubrirnos el cuerpo
Del que nos prohíbe salir a la calle sin un hombre que nos escolte
Queremos flores de los que nos quemaron por brujas
Y nos encerraron por locas
Flores del que nos pega, del que se emborracha
Del que se bebe irredento el pago de la comida del mes
Queremos flores de las que intrigan y levantan falsos
Flores de las que se ensañan contra sus hijas, sus madres y sus nueras
Y albergan ponzoña en su corazón para las de su mismo género

Tantas flores serían necesarias para secar los húmedos pantanos
donde el agua de nuestros ojos se hace lodo;
arenas movedizas tragándonos y escupiéndonos,
de las que tenaces, una a una, tendremos que surgir.

Amanece con pelo largo el día curvo de las mujeres.
Queremos flores hoy. Cuánto nos corresponde.
El jardín del que nos expulsaron. 



jueves, 15 de agosto de 2013

Entonces, ¿quién educa?


 Con el furor del regreso a clase a la vuelta de la esquina, a últimas fechas me he topado en varias ocasiones con esta imagen en Facebook. Al parecer, surgió originalmente de un portal informal de internet y de alguna manera se volvió viral: maestros, papás y mamás así como algunos portales de escuelas que tengo como amigos en dicha red lo compartieron por lo que asumo se identificaron con la frase.

Desde la perspectiva de padre de familia, no puedo más que estar completamente de acuerdo con la segunda parte de la consigna. Me parece loable que haya quienes sientan ese compromiso y les caiga el veinte de que la verdadera formación se imparte en casa. Me da mucho gusto saber que tengo amigas(os) que asumen y hacen público su compromiso con esta responsabilidad. Me precio al decir que esa es una más de las razones por las que las considero mis amistades.

Lástima que no todos los padres de familia sean como mis amiga(os) mamás y papás. Lástima que aún haya quien le diga a sus críos “¿eso te enseñan en la escuela???” ante alguna falta de respeto por ejemplo, sin tener en cuenta lo que le corresponde como formador.

Ojalá, sería así como un sueño Guajiro, todos los niños fueran educados en casa, entonces sí, nada de faltas de respeto, impuntualidad, irresponsabilidad, bullying, etcétera, etcétera, etcétera, ahhhh qué bonito sería… también sería una chulada que la Secretaría de Educación Pública editara libros sin errores ortográficos; que socialmente se reconociera la labor docente y de pasadita que me dieran un Ipad porque ya me cansé de cargar diario mi laptop…

La realidad es que no, desafortunadamente, por muy diversas circunstancias, no todos los niños son educados en su casa como sería socialmente aceptable, pero, ¿a caso eso exime a los colegios y escuelas de su función formadora?

Discrepo completamente con la primera parte de la frase, pues no, una escuela o colegio que se precie de serlo jamás se limitaría a “inculcar conocimientos” y mucho menos a estas alturas de la humanidad que la fuente de conocimiento puede estar en un teléfono celular.

La educación, debe ser integral y abarcar no sólo conocimientos, sino también actitudes, además de habilidades para la vida que ayuden a las y los menores a convertirse poco a poco en esos adultos que queremos que un día dirijan y lleven las riendas de la sociedad.

¿Cuál sería entonces el papel de un colegio ante una falta de respeto o ante una muestra de abuso de cualquier tipo? Se limitaría a verla pasar pues ahí “se inculcan conocimientos” y nada más. Una verdadera aberración.

Sería la salida más fácil para cualquier institución educativa, zafarse del compromiso que también tiene con la sociedad al decirse “formadora” ¿dónde quedarían entonces todas esas frases rimbombantes que leemos en la “misión” de muchas instituciones?

Quizá esté llevando demasiado lejos este asunto, créanme, anoche el pensar en todo lo que esto puede implicar la cabeza me daba vueltas.

El rol del formador va mucho más allá de la impartición de conocimientos. La responsabilidad social que se adquiere al decidir plantarse frente a un grupo implica ser ejemplo y guía en muchos casos. Quizá incluso, para algunos estudiantes, el único referente adulto que pueda servir para esta función sea la (el) maestra(o).

Las(os) maestras(os) que decidan limitarse a vomitar información además de faltar a esta responsabilidad se están perdiendo la gran oportunidad de dejar una verdadera huella en sus educandos, pues, a final de cuentas, es con ese ejemplo y con la pasión que nos vean actuar con la que se quedan al salir de las aulas.

La educación es un trabajo conjunto que deben asumir tanto padres y madres de familia como las instituciones. Lo ideal es, que si se tiene oportunidad de elegir escuela, se busque aquella con la que compartamos una visión y perspectiva sobre la clase de formación que queremos para nuestras(os) hijas(os) lo más acorde con los principios y esencia de nuestra familia.

Así que, papás y mamás que amablemente leen esto, los felicito por asumir su rol de educadores, no le saquen nunca la vuelta y si se topan con una escuela “progre” que decide solamente inculcar conocimientos, huyan y cuéntenle a quien más confianza le tengan.

Personal docente del mundo mundial, dense la oportunidad de dejar algo más que conocimientos en su alumnado. Les aseguro que no se van a arrepentir. Chance y así, logremos cambiar la percepción que la sociedad tiene sobre nosotros y nuestra labor.

 

 

miércoles, 27 de marzo de 2013

Liebster Award - 11

No es la primera vez que lo digo: soy muy fan de la Ville, (@MamitaGallina), como la conocemos las amigas, y es que para mí eso es, una gran amiga, a quien por cuestiones de distancia he podido ver (en vivo y en directo) muy pocas veces, pero con quien hice una gran conexión a partir de unos cuantos tuits.

Es que en esta era de la vida 3.0, habemos quienes hemos descubierto verdaderas amistades gracias a las redes sociales. No sé exactamente cómo fue, quién siguió primero a quién, el chiste es que muy rápido, la Ville y yo ya estábamos platicando/tuiteando como si nos conociéramos de toda la vida. Coincidimos en muchas cosas y admiro de ella muchas más: inteligente, con una mente muy ágil, de risa fácil y contagiosa, siempre moviéndose, siempre buscando nuevos proyectos y cómo crecer. A la Ville pareciera que no se le tupe nada, aunque no es así, por supuesto que ha pasado por momentos difíciles, la diferencia ha sido la manera que tiene de afrontarlos: es alguien siempre dispuesta a aprender y a sacar la mejor enseñanza de cualquier lección que la vida quiera mostrarle y no sólo eso, además está dispuesta a compartir lo aprendido, cosa que yo aprecio mucho.

La vida la ha llevado a enfrentar la realidad de las mamás trabajadoras. Esas que el día de hoy, según las estadísticas, cada día somos más y que pocos en nuestro país se han preocupado por crear políticas que las apoyen. Es precisamente ésta una de las banderas que enarbola, la de fomentar espacios de trabajo que le faciliten la vida a las mamás, el averiguar cómo combinar la maternidad con la práctica profesional, el fomento a la convivencia familiar, involucrar más a los papás en los asuntos de la familia y el ver de qué manera las mamás que trabajan (trabajamos) podemos compaginarlo todo sin sentirnos culpables ¿ahora entienden por qué la admiro y aprecio tanto?

Por si faltara algo, fue precisamente ella una de las personas detrás de la creación de este humilde blog, de alguna manera, insisto, sin conocerme si quiera en vivo, me animó a que escribiera y me uniera a www.mujeresconstruyendo.com, a que publicara lo que revoloteaba por mi cabeza y heme aquí.

Creo que hoy, necesitamos muchas mujeres como ella y cuando supe que me había nominado para el Liebster Award – 11 me emocioné mucho.

Ahora procedo a contestar lo que se me solicitó:

¿Cuáles son 11 cosas que no cambiaría?

1.     Las risas de la minibanda (sin excusa ni pretexto)

2.    Un buen beso

3.    Una desvelada con una buena plática (aunque al día siguiente tenga que madrugar)

4.    Cocinar para la gente que quiero (sin importar la friega que esto pueda implicar)

5.    Bailar una fiesta entera (sin pensar en el dolor de pies al día siguiente)

6.    Despertar tempranito en domingo para tomar café y leer cuando la casa está aún quieta (y mejor si me tienen abrazada)

7.    Que mis alumna/os me digan que gracias a mí entendieron o aprendieron algo nuevo

8.    Retar a un(a) alumna/o a salir de su zona de confort y atreverse a lograr algo nuevo

9.    Salir de compras y buscar hasta dar con “ése” preciso y extraño objeto que parecía sólo existir en mi imaginación

10.  Escuchar a cualquiera que quiera contarme sus penas, aventuras y anhelos y volverlos propios

11.  Participar en cuanto movimiento social considere y promover la participación cívica proactiva, seguir soñando que juntos podemos lograr una mejor sociedad.

A continuación, la tercera parte del compromiso Liebster Award, estos son los blogs que nomino:

De-formación docente de Ernesto PC (@ErnestoPC)

Apuntes de una mente indomable de Arely Torres (@arelytm76)

Maternidad al extremo de Pami Parras (@pamiparras)

Ahora, a la/os nominada/os les pido lo siguiente:

ü  Entren a los blogs nominados junto con el suyo

ü  Nominen a sus blogs consentidos y

ü  Respondan ¿Por qué 11 cosas vale la pena levantarse cada mañana?

A seguir generando información y compartiendo ¡Gracias por aparecer en mi vida para enriquecerla!

lunes, 24 de diciembre de 2012

Tamales, recuerdos y mucho amor


Llevo casi un mes en cenas y festejos navideños. Sólo en el 2013, he preparado ya 3 platos fuertes, 3 tandas de botanas, 3 de guarnición, 2 ensaladas y demás. Hace ya un buen rato que este mismo ritual se ha vuelto una tradición en casa: pierna al horno para la cena con amigos, lomo para la de la familia política, la pasta para los míos, varias botanas para las amigas, glühwein por si caen visitas en casa, el postre para otro festejo más y así, variando cada año la combinación platillo-comensales…
Lo más curioso del caso, es que por más agobiante que suene esto para algunos, para mí es uno de los mayores placeres del año. Al finalizar el semestre escolar, lo que más añoro son las vacaciones navideñas y dar rienda suelta a este ritual, ir a comprar ingredientes, poner buena música y meterme a la cocina para darme vuelo. Y no es que sea yo una cocinera experta ni mucho menos, pero digamos que es un hobby que me permite relajarme y complacer a la vez.
Hay quienes dicen que las mujeres somos unas brujas. Yo diría que no sólo las mujeres, sino cualquiera que esté dispuesto a hechizar a los demás con sus platillos lo es. Esa hermandad que se da entre quienes comparten una receta, no la logra cualquiera. Estoy segura que no hay mejor ejemplo de complicidad que la que se puede establecer entre dos o más personas que cocinan juntas. Es todo un arte eso de ponerse de acuerdo y seguir los pasos de una receta o atreverse a variarla.
Me siento una afortunada heredera de toda una tradición culinaria de muy disímbolas vertientes: por una lado, el de mi madre y la rama sinaloense; por el otro, la de mi papá y sus ricos platillos del centro del país. No tengo mejores recuerdos de estas épocas que aquellos relacionados con una cocina y una gran familia cooperando para la cena. Como decía mi mamanina “de perdida embarren en la hoja los tamales que se piensen comer y uno más para los que lleguen”, por supuesto que así, ninguna tamaliza se hace pesada.
También están en mi mente las visitas al Mercado República en esta época: buscar los romeritos, comprar el pollo y los ingredientes del relleno y de pasadita recibir unas cuantas colaciones que los marchantes siempre nos regalaban por el puro aprecio que le tenían a Mami Carmelita. Una de mis mejores recuerdos de Navidad  incluye una mesa repleta de platillos que cada quién lleva para compartir, muchas risas y varias tandas porque nunca cabemos todos a la mesa.
Para mí, esas son las bendiciones de la Navidad: el poder ser parte de la hermandad que intercambia recetas (cabe hacer mención de lo mucho que aprecio a quienes comparten sus secretos culinarios); de la complicidad de preparar algo con quien más quieres; la increíble magia de ver a mis hijos meterse a la cocina o acercarse al asador y disfrutarlo tanto como sus papás y escuchar la cantidad de historias detrás de cada platillo: que si a fulanita hace X para que el bacalao quede suavecito, que si me dijo zutanita que el relleno del pavo mejor lo guisara aparte, que si el lomo debe marinarse durante 2 días según el libro de Y... y demás historias que van dejando su sello en cada platillo que preparo.
La alegría de poder compartir alrededor de una mesa con la gente que más quiero durante todo un mes es una de las mejores cosas que esta época trae consigo. El tiempo, la dedicación y el esmero que pongo en cada platillo es mi manera favorita de demostrarle a la gente lo mucho que la quiero. Por eso, no me molesta hacerlo, al contrario, es todo un placer.
Gracias a todos quienes me han permitido compartir esta parte de mí y del equipaje que cargo. De corazón, saben que les deseo lo mejor para el 2013, pero especialmente les deseo que esta noche tengan una mesa repleta de risas, buenas anécdotas, cariño, brindis memorables y por supuesto, ricos platillos para compartir con sus seres más queridos. Que el próximo año, Dios nos siga permitiendo que el ritual de cocinar y departir con una mesa llena de gente y amor llene nuestra memoria de grandes recuerdos, para ustedes y los suyos ¡Felices fiestas!

jueves, 9 de agosto de 2012

Días que no quieres escuchar


De esos días que no le deseas a nadie. De esos sonidos que de tan claros desearías jamás haber escuchado más que en películas y en la tele.
Sales a trabajar sin tener en cuenta el clásico “nunca sabes lo que pueda pasar en tu camino” ni tampoco el de  “nadie sabe cuándo llegará el día ni la hora”. Porque así salimos la mayoría de las veces, porque te envuelve la rutina, la vida y sus prisas y porque crees que tienes todo bajo control.
En un break entre una junta y una conferencia decides echar ojo a las redes sociales. No pueden ser casi las 10 de la mañana y tú sin saber cómo amaneció el mundo. Entonces te enteras de lo que pensaste era la peor nota del día: 14 cuerpos encontrados  en una camioneta como a 15 kilómetros de tus rumbos.  Luego de la chava asesinada el lunes (también por tu rumbo) piensas que eso no indica nada bueno. Sigues leyendo y brinca otra nota más: encuentran abandonada camioneta afuera del flamante centro comercial llena de explosivos y armas. Empieza la conferencia, pero no puedes concentrarte, aplicas el multitask y estás con un ojo al gato y otro al garabato. Sales a receso, comentas lo que acabas de leer. Todo mundo saca sus conjeturas. Es que ahora nos hemos vuelto cuasiexpertos en seguridad y manejamos un lenguaje técnico muy profesional: sicarios, granadas, “saldar cuentas”, levantón, etc…. Lo mismo de siempre, todos y nadie dicen nada creíble. Todos alrededor comentan lo hartos que están de lo que sucede y de repente escuchas ese sonido… así, justo como te han dicho que suenan los balazos.
Todos guardan silencio y aguzan el oído: “sí se oyeron hacia arriba, por el Tec, por Superama, por el Westin…”. Llamadas por teléfono alrededor, tú revisas las redes de nuevo, preguntas y obtienes respuestas de medios confiables: una persecución que desata balacera justo por tus rumbos, justo por donde los escuchaban. Te indican tener precaución y si estás por la zona, no salir.
Aparece tu amiga que casualmente aprovechó el receso para ir al banco y lo confirma, la ves pálida y temblando. Dice que ha pasado el peor susto de su vida y te narra lo que vio: efectivamente, una persecución con balacera bastante cerca de ustedes. No atinas más que a abrazarla con todas tus fuerzas, no sabes hacer más en estos casos. Finalmente, nadie nos ha enseñado.
Empieza tu mente a girar a mil por hora, piensas en los tuyos, en sus rutinas y en sus rumbos. Confirmas que todos estén bien, les explicas lo poco que sabes y les pides que se cuiden. Prometes hacer lo mismo por ti y te mantienes alerta.
Estás en una de esas llamadas cuando escuchas los balazos más cerca, no estás alucinando, los oyes y se te empieza a quebrar la voz al querer decir que estás bien. Repites que todo va a estar bien, no tanto para quien te escucha, sino para convencerte y notas que a tu interlocutor (casualmente, tu papá) también se le quiebra la voz, el hombre fuerte y grandote que te cuidaba de chiquita, está asustado.
Revisas redes nuevamente y te das cuenta que tú y tus compañeras no son las únicas, muchos por el rumbo vuelven a escuchar detonaciones muy cerca, a pesar de que se sabe “oficialmente” que la persecución  es ya por otro rumbo. En realidad no se sabe qué creer y quieres ser sensata y mantener la calma.
De alguna manera te las ingenias para seguir informándote y mostrarte fuerte. Todo mundo quiere tener datos y la información que lees no es agradable: los centros escolares del rumbo aplican código 2 (repliegue). Y es que a estas alturas no hay escuela que no conozca ya de estos códigos de seguridad en casos así.
Sigues en espera de noticias, ya no tienes nada que hacer en tu centro de trabajo, agradeces, junto con tus compañeras, que a la fecha no haya aún alumnas presentes (entran oficialmente el lunes), pues no sabes bien a bien qué tan exitosamente podrías manejar el famoso código 2.
No es normal vivir así, parecen lejanos los días en que escribías tanto al respecto y de alguna manera, ilusamente, creías que todo había quedado atrás. Como si por arte de magia las cosas se fueran a componer. Compruebas, con rabia, que no es así, que mientras no haya un compromiso real de las autoridades, que mientras nos sigamos dejando llevar por ideas de que eso pasa lejos, en la Huasteca, en la frontera, en Veracruz y en lugares que nos suenan ajenos a nuestra realidad y no sintamos empatía por quienes padecen esto en carne propia, nunca se va resolver. Cuestionas qué tanto tendrá que ver el que la sociedad comience a acostumbrarse a ver los muertos pasar, a ver a vecinos raros, carros raros, ricos raros y cosas así. Te acuerdas de esas historias que cuentan de los que prefieren vivir a todo y conseguir todos los bienes materiales que siempre quisieron aunque sea un poco tiempo y de manera fácil y aunque eso implique matar y morir. Esa cultura del hoy, del tenerlo todo y disfrutar al máximo, sin escrúpulos y nada más.
Por fin puedes salir, no sin antes escuchar por tercera vez en menos de 2 horas ese sonido, entre helicópteros y avionetas vuelves a escucharlo cerca. Escuchas las advertencias, esperas un rato prudente y autorizan la salida. Entras a casa y te encuentras un pajarito adentro. No te explicas cómo entró, pero está asustado. Quiere salir. Como en una cruel caricatura.
Agradeces estar en casa, avisas que estás bien y comienzas a conocer las historias de tus amigos: los que se quedaron pecho tierra en otras escuelas, los que vieron desde su casa a los soldados replegados en las paredes de su vecindario, a los que les pidieron permiso para entrar a su casa y brincarse por la azotea, los que estaban en las calles durante la larga persecución, los que vieron cuando los soldados detenían a algunos….
Lo cierto es que estás bien, que los tuyos también y que esto ha quedado sólo en un mal rato y en cambio de planes. El viaje con tus amigas que tenías planeado, queda suspendido, ni modo, es lo que la sensatez marca. Ya habrá momento, eso esperas…
¿Será que de veras hay manera de que pase esta pesadilla? ¿Será que como sociedad nos está faltando hacer algo que deberíamos? ¿Será que no tenemos más remedio que rezar pues estamos en medio de una zona peligrosa y ya? ¿Será que todo es culpa solamente de las autoridades? ¿Será que los malosos son malos porque “así quiso Dios” o serán la falta de oportunidades laborales y educativas las que están fallando? ¿Será que mis alumnas y mis hijos recuperarán su ciudad?
Por lo pronto, me quedo con lo que está en mis manos hacer: guardar la calma en cualquier situación y abrazar y decirle a los míos cuánto los quiero y lo mucho que me importan cada que pueda.
(más info y datos precisos en: http://t.co/70GCHD8O )

domingo, 1 de julio de 2012

Un soldado en cada hijo de te dio

Ya es hora, en este momento  prácticamente en todo el país miles de ciudadanos están listos para que esta democracia funcione correctamente y todos podamos ir a expresar nuestra decisión, si no por la mejor opción, sí por la menos peor.

Me confieso apasionada de los procesos electorales de este tipo, de los ciudadanos, donde la mayor parte del peso y responsabilidad de los resultados recae sobre los hombros de gente como cualquiera de nosotros. Serán ellos las autoridades, serán quienes cuenten los votos (con todo y sus divisiones fraccionarias para cada partido en caso de coaliciones, cosa que hay que aplaudir) y serán también cientos de miles de ellos quienes las vigilen, ya sea para su partido, para organismos ciudadanos o por su cuenta. Mis respetos a todos ellos. Hoy se hace muy palpable eso que dice nuestro Himno Nacional de: “… Un soldado en cada hijo te dio…”, ahí están esos soldados, listos y dispuestos para trabajar un día y algunos hasta un rato más, por esto que llamamos democracia.

Desde que soy mayor de edad siempre he participado activamente en todos los procesos electorales, en algunos no sólo votando, he tenido oportunidad de ser observadora, he recibido medios de impugnación y quejas; he coordinado y capacitado encuestadores y durante años la casilla de mi sección estuvo ubicada en mi domicilio familiar. Me consta el esfuerzo de estos soldados.

Son esos soldados a los que hoy pasaré a saludar y agradecer por su esfuerzo más allá de colores, triunfos y resultados. No tengo por qué dudar de su trabajo y menos creer en todas esas historias que van de lo ridículo a lo sublime pasando por lo retro y la ignorancia que hablan de la burda manera en que se supone se puede cometer un fraude el día de la elección. Por un momento estas historias me enojaron, estuve dispuesta a discutir y argumentar el por qué eran falsas. Por prudencia, en algunos casos me ahorré el comentario. Luego decidí reír de ellas y confiar en que será el tiempo y los votos quien ponga a cada uno en su lugar.

En esta democracia tan nuestra, luego de este curioso periodo de campañas en el que relucieron más los chismes, los grupos paralelos que surgieron alrededor o en contra de ciertos candidatos y en algunos casos brillaron más las ausencias que las presencias, debemos todos tener bien claro que lo mismo vale el voto del que se dejó convencer por una torta que el del que se convenció por la promesa de un hueso, incluso, el que decidió dejarse llevar por el físico, en contra de cierta voz, por una cadena de correo electrónico enviada por alguien del más allá o por el que se dedicó a informarse sobre propuestas, vialidad de las mismas, equipo de trabajo y que le conoce bien a cada candidato. Es más, esto de la ciudadanía nos dice que vale lo mismo el voto del que tiene mucho que perder y el del que tiene poco. Por un día, por un momento, nuestra expresión, vale y pesa lo mismo vengamos de donde vengamos y tengamos lo que tengamos.

Que no se nos olvide hoy, que más allá de la elección de Presidente de la República, hay muchas curules en juego y que tenemos que decidir muy bien a quiénes damos uno de esos 628 espacios que tanto influyen en nuestro país y en cuyas manos están decisiones tan importantes. Una buena leída al reverso de las boletas para candidatos a Diputados y Senadores quizá nos dé una desagradable sorpresa que nos haga cambiar la decisión que ya teníamos en mente.

 A ellos, a quienes resulten ganadores como mis representantes les exigiré asistir, y más a quienes no fueron electos por voto directo si no por mayoría relativa o por la vía plurinominal. Estaré al pendiente de sus votaciones, de sus propuestas y de sus dictámenes. Lo mismo haré con los 27 diputados que corresponden al Congreso Local de mi Estado. En la medida de mis posibilidades les haré marcaje personal.

Ojalá seamos capaces de dejar a un lado las pasiones y fanatismos que a veces nos hacen idolatrar y ver la realidad de manera muy subjetiva. Ojalá dejemos de creer en conspiraciones baratass y creamos más en todos los ciudadanos que como nosotros lo único que quieren es un mejor lugar donde vivir, es una patria digna de ser heredada. Ojalá no tergiversemos la historia, las reglas de juego ni el derecho de muchos a nuestra conveniencia. Ojalá sepamos estar a la altura de las circunstancias y sepamos disfrutar esta fiesta de la democracia (aunque suene a cliché) porque una leída de nuestra historia nos indica que para llegar hasta aquí, tuvieron que sufrirle muchos y no se vale tirar por la borda todo su esfuerzo así de fácil. Ojalá…